Entrevista a Albert Cañigueral, autor del libro Vivir mejor con menos, fundador de ConsumoColaborativo.com y conector de Ouishare para España y América Latina.

Albert Cañigueral

“Cierra los ojos e imagina una sociedad donde puedes confiar, al disponer de suficientes indicadores, en cualquier persona.”

¿Estamos asistiendo a la metamorfosis de la economía capitalista? ¿Vamos hacia una sociedad que privilegia los intercambios humanos en detrimento de los intercambios económicos? Internet y la cultura digital han fomentado la aparición de nuevos sistemas colaborativas en el mundo; un fenómeno conceptualizado en el libro What’s Mine is Yours de Rachel Botsman y Roo Roger. Estos funcionamientos colaborativos están modificando profundamente nuestra visión del consumo al redistribuir el poder, las responsabilidades y la libertad de acción entre los individuos. En efecto, la piedra angular de este nuevo concepto radica en la percepción del consumo como acto de uso, y no de posesión como hasta ahora. Albert Cañigueral, ingeniero multimedia y autor del libro Vivir mejor con menos, analiza esta tendencia y nos ayuda a entender que es ante todo una nueva actitud ciudadana. ¿Crónica de la muerte anunciada del capitalismo o pura utopía?

¿Cómo y por qué nació ConsumoColaborativo en 2011?

Como explico al inicio del libro, la experiencia de vivir en Taipéi (capital de Taiwán) fue lo que me permitió salir de mi propio contexto y ser sumamente crítico con aquello que podía ver y observar a nivel de hiperconsumo en la sociedad. Estos pensamientos y la lectura de varios textos, como el libro de Rachel Botsman o las webs Shareable.net y ConsoCollaborative.com, acabaron concretados en el blog que nació a mediados de 2011 como resultado de preparar unos documentos para una beca, que no gané, de Barcelona Consensus.

¿Cómo definiría la economía colaborativa?

Como a todo nuevo movimiento, ahora le llega un momento de buscar definiciones y taxonomías. Este 2015 se hablará mucho de ella, por lo que definir la economía colaborativa es algo arriesgado. Puedo decir que en OuiShare la definimos como las prácticas y modelos económicos basados en estructuras horizontales y comunidades que transforman nuestra manera de vivir, trabajar y crear: el consumo colaborativo, nuevas formas de finanzas e intercambio de valor entre pares, herramientas de producción digital, conocimiento abierto serían los sectores principales. Como comento, todo esto está en fase de debate ahora mismo.

La economía colaborativa no es una mera respuesta a la crisis. Si fuera el caso, ya habríamos asistido a su emergencia en otros períodos semejantes. ¿Qué otros factores han fomentado la irrupción de esta economía alternativa?

El actual boom de la economía colaborativa surge a partir de una confluencia de factores culturales, tecnológicos y económicos. En primer lugar, a partir de la popularización y difusión en Internet de servicios como Flickr, Wikipedia, las redes sociales y los blogs, los usuarios han redescubierto la posibilidad de compartir con otros; han comprobado que el verdadero valor de muchos actos reside en el hecho de colaborar, y que el acceso fácil es mejor que la propiedad. Estos mismos valores ahora se aplican fuera de los entornos puramente digitales, sobre todo por aquellos que son “nativos digitales”.

Por otro lado, estas mismas tecnologías han permitido crear lazos de confianza y colaboración con desconocidos o seudoconocidos. Por un lado, las redes sociales y el comercio electrónico nos han permitido empezar a interactuar y a confiar en desconocidos en tanto en cuanto tengamos suficiente información acerca de la otra persona. Por otro, la conectividad permanente en dispositivos móviles ha rebajado las fricciones de entrada para usar estos servicios justo cuando los necesitamos. A menudo, se habla del consumo colaborativo como “la tercera ola de Internet”, donde la gente se encuentra online y comparte offline.

Por último están los factores económicos. La crisis, la reducción de la renta disponible y la limitación del crédito han facilitado que muchos usuarios hayan usado por primera algunos de los servicios colaborativos. Se podría decir que son catalizadores del cambio. Una vez experimentados de primera mano los beneficios económicos y sociales de estos servicios, resulta difícil volver atrás.

¿A qué sectores se pueden aplicar estos principios colaborativos? ¿Realmente, se puede compartir todo?

Los sectores más afectados hasta el momento han sido la movilidad, el turismo y las finanzas, pero también estamos viendo soluciones colaborativas en educación e incluso en el sistema sanitario.

En general, todo aquello que pueda ser optimizado mediante la economía colaborativa lo será, más tarde o más pronto. Es por ello que ofrecemos nuestros servicios a empresas tradicionales y administraciones que han entendido esto y quieren liderar el cambio. En nuestra web, mantenemos un directorio de proyectos colaborativos, y también se puede consultar el llamado HoneyComb 2.0 que ha desarrollado Jeremiah Owyang para tener una idea de la variedad que ya existe.

Entonces, ¿cuáles son los beneficios del consumo colaborativo?

A menudo, más que beneficios hablamos de motivaciones de los usuarios, que según varios estudios (Carbonview Research para Campbell Mithun en Estados Unidos o el estudio BeTrustMan de BlaBlaCar) siguen un patrón similar: la motivación inicial de los usuarios suele ser económica, para pasar a apreciar el aspecto social en un segundo tiempo, aunque son estos segundos aspectos los que proporcionan afirmación personal y sentimiento de pertenencia que fideliza a los usuarios. La consciencia sobre los beneficios medioambientales viene más tarde. Ahora mismo gente como NESTA (en Reino Unido) está intentando medir de manera tangible estos beneficios.

¿Por qué destaca los beneficios emocionales y el papel de la confianza en este sistema de redistribución horizontal entre los ciudadanos?

Porque es el cambio cultural de fondo lo que realmente me interesa. Cierra los ojos e imagina una sociedad donde puedes confiar, al disponer de suficientes indicadores, en cualquier persona. Estamos justo empezando a experimentar un poco esta situación, pero está claro que esto puede ser un game changer total.

Al generar un modelo disruptivo en el mercado tradicional, la economía colaborativa se enfrenta a duras críticas: competencia desleal, precarización de los trabajadores, sucedáneo de capitalismo… ¿Qué opina?

Tal y como expone Clay Shirky, este tipo de innovaciones disruptivas pasan por cinco etapas: posibilidad técnica, adopción social, reacción regulatoria, desobediencia civil y acuerdo entre las partes. En el consumo colaborativo estamos entre las fases 2 y 3, en este momento. Ha ocurrido antes en la historia, por ejemplo, con la aparición de los coches o más recientemente con el tema de Napster, una compañía basada en la compartición en línea de archivos musicales.

En todo caso es bueno escuchar y aceptar estas críticas, especialmente el tema de la precarización del trabajo, para hacer evolucionar la economía colaborativa en la mejor dirección posible. Lo que me aburre son las críticas que no plantean soluciones para resolver lo que critican. A quienes quieran profundizar más en el debate, les recomiendo el artículo Transactional Sharing, Transformational Sharing (en inglés), de Sharon Ede, fundadora del movimiento de consumo colaborativo ShareAdelaide en Australia (disponible en la dirección http://www.shareadelaide.com/transactional-sharing-transformational-sharing/).

La economía colaborativa conlleva muchos riesgos para las empresas tradicionales…

¡Y oportunidades, añadiría yo! Su escala les permite tener un impacto espectacular cuando deciden embarcarse con la economía colaborativa. Ya hay fabricantes de coches con sistemas de uso temporal de vehículos (car sharing) y coches preparados de serie para ser compartidos entre vecinos, los bancos invierten en empresas de finanzas P2P e incluso en criptomonedas, aparece BeMate como híbrido entre hotel y alojamiento en casa de particulares, etc.

El riesgo es quedarse quieto en un mundo que va a gran velocidad. Si estás en el AVE, todo parece fluir con cierta lógica e incluso puedes ir al vagón restaurante a tomar algo, si solo ves pasar el AVE delante de tus ojos no entenderás nada. Recomiendo el estudio Pentagrowth de Javi Creus, que expone muy bien cómo funcionan las empresas adaptativas y que crecen de manera exponencial con la economía digital.

Una de las mayores trabas es el tema de la regulación pero, ¿cómo se puede alcanzar una regulación idónea frente a la velocidad de crecimiento de la economía colaborativa?

Diálogo, proactividad, aproximación creativa a la regulación, evitar el “siempre ha sido así”, etc. Creo que el trabajo de la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia, con su consulta pública acerca de la economía colaborativa, ayudará a tener un debate más abierto acerca de cómo encajar las piezas del puzle. Lo que está claro es que la prohibición no es el camino: ¿qué ha ocurrido al prohibir Uber en España?

Es paradójico pero gracias a Internet y a la cultura digital que nos conectan todos, estamos volviendo a un modelo de negocio que reposiciona lo humano como eje central de la economía…

Las comunidades de personas, que en el pasado se creaban sobre todo por proximidad geográfica, ahora se crean por necesidades o intereses comunes, gracias a Internet. Resulta mucho más simple poner a las personas en el centro. Este cambio de “centralidad”, pasando de las empresas, productos o dinero a las personas, requiere el replanteamiento de muchas de las estructuras y creencias sociales que hemos venido usando durante las últimas décadas…

Según el ensayista Jeremy Rifkin, la economía colaborativa debería suplantar la economía tradicional hacia mediados del siglo XXI. ¿Comparte esta visión o aposta más por la emergencia de un sistema híbrido?

Yo soy un gran fan de los híbridos, ya que, mirando para atrás en la historia, es lo que ha sucedido más a menudo. Además, al ritmo que evolucionan la tecnología y la sociedad, hacer predicciones más allá de 5-10 años me parece muy arriesgado, aunque Jeremy Rifkin tiene acceso a datos y analistas privilegiados.

En cualquier caso, está muy bien tener visiones y horizontes de futuros a los que aspirar bien definidos, como hace el señor Rikfin, para orientar la acción y la toma de decisiones en el presente.

¿Qué piensa del sistema educativo actual?

Que está pensado en el siglo XIX para las necesidades de una economía de base industrial del siglo XX (funciones estandarizadas para optimizar la producción). Ahora, para aportar algo a la sociedad, se necesita gente con adaptabilidad, multiculturalidad, cultura digital, aprendizaje continuado, etc. Muy poco de eso está integrado en el sistema educativo actual.

¿Economía colaborativa + educación = ?

Desagregación de funciones de las instituciones educativas. Del mismo modo que aparecen empresas emergentes que hacen mejor solamente una de las cosas que hacen los bancos (préstamos, cambio de divisas, inversión, etc.) están apareciendo otras que hacen mejor una cosa de las que tradicionalmente hace una escuela, instituto, o universidad: transmitir conocimiento (¡y actualizarlo!), certificar que se han aprendido estos conocimientos (¿hay que “certificar” con un examen o bien poniendo los conocimientos en práctica en proyectos?) y proporcionar un entorno para socializar. Seguro que con un análisis más detallado se podrían encontrar más ideas.

Un pensamiento a contracorriente…

La economía colaborativa sigue evolucionando y los que ahora parecen los líderes sin lo que no podríamos funcionar, pueden sufrir ellos mismos la disrupción de nuevos actores que hagan las cosas de una manera diferente e incluso más eficiente y más colaborativa.

10/02/2015|