Entrevista a David Escamilla, Comunicador y Autor del libro “La semilla de la Felicidad”

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 “Debemos buscar y luchar por ser cada día más felices, individual y colectivamente, y eso tan sólo significa vivir en harmonía con nuestros vecinos y con la naturaleza misma. Ese es el bien individual y el bien común que debemos preservar y defender

La idea nació a raíz de lecturas sobre Bután, este pequeño país que está a los pies del Himalaya y entre los dos gigantes, China e India. Me pareció importante dar a conocer las acciones que se llevaban a cabo en Bután. A lo largo de mis búsquedas, me di cuenta de que en nuestro mundo, sólo medíamos, cuantificábamos y observábamos lo que era la productividad (cuánto producimos, lo que producimos, cómo lo producimos, etc…). Incluso a nivel ecológico, el discurso sigue siendo puramente productivo. En Occidente, dejamos de lado un aspecto fundamental relativo a la convivencia humana. En Bután, intentan valorar otros factores que el PIB; les interesa conocer otras cosas que el número de coches que pueden comprarse los habitantes. Se están preocupando verdaderamente por elementos humanos y cotidianos. Es esencial porque, en definitiva, somos lo que medimos. ¿Queremos un mundo orientado a producir o un mundo donde las personas puedan realizarse?

¿Se puede medir algo tan abstracto como la felicidad?

Cada uno sabe exactamente cuándo es feliz y cuándo no lo es. Por lo tanto, se trata de un estado de ánimo personal e intransferible. Pero los gobiernos políticos y las cúpulas directivas de las empresas pueden crear ambientes que favorezcan la autorrealización y la sensibilidad o por el contrario pueden dificultarlo. Se trata de crear círculos virtuosos y huir como de la peste de los círculos viciosos (que impregnan la política y el universo empresarial).

¿Eduard Punset explicó que la felicidad consistía en no tener miedo. ¿Cuál sería su definición de la felicidad?

Para mí, hay tantas definiciones de la felicidad como seres humanos. No podemos limitarnos a una sola definición. No obstante, para ser feliz, es imprescindible ser auténtico y sincero consigo mismo. Comparto lo que dijo Eduard Punset acerca de la ausencia de miedo. Sin embargo, tal y como lo explico en uno de los capítulos de mi libro, “Adictos a la infelicidad”, constato que muchas personas rehúyen de la felicidad porque le tienen miedo.

¿Qué nos impide ser felices?

Será, seguramente, debido a la religión que nos convenció durante mucho tiempo que nunca podríamos ser felices en la tierra sino en el cielo y, que debíamos sufrir para conseguir la felicidad en otro mundo. Esta doctrina cristiana explica en parte esta actitud. Pero hay también los valores que nos transmite la sociedad: aprendemos y aceptamos desde pequeños que la vida es dura. Nuestra visión de la vida y de la existencia humana es profundamente trágica. Hemos de obviarla para ser felices y hacer felices a los demás.

 ¿No estamos idealizando un país que, paralelamente a esta iniciativa loable, ha llevado a cabo una represión dura contra las diferentes culturas que componían el país con el fin de legitimar el poder de una minoría, los Bhotias?

No me quedo con todo de Bután; sólo con esta iniciativa impulsada por un gobierno y con esta voluntad de transmitir la felicidad al ser humano. Este concepto no existe en Occidente. Estamos más bien generando una deshumanización al considerar a las personas como máquinas que producen con máquinas.

Admiro este intento de volver a poner lo humano en el centro pero estoy consciente que en Bután hay muchas incoherencias e injusticias sociales. El país, por ejemplo, se afana por luchar contra la inmigración, el turismo y la libertad religiosa para mantener su homogeneidad cultural y étnica. Sin embargo, esta sensibilidad de la política por el humanismo y esta preocupación por la felicidad de cada persona debe ser un nuevo paradigma que inspire a todos los políticos.

El país que era mayoritariamente rural se enfrenta a un creciente proceso de urbanización. ¿Podrá sobrevivir la Felicidad Nacional Bruta al crecimiento material?

Creo que han experimentado esta humanidad y el consumismo no les serán seguramente tan satisfactorios pero siempre existe el riesgo de que caigan en las tentaciones del capitalismo. Sería una pena que lo material venciera. Espero que al haber tocado la felicidad verdadera, tengan cierta resistencia para no sucumbir al capitalismo salvaje. De hecho, muchos Butaneses desean que el actual monarca actúe como su padre tomando medidas severas que impidan el acceso a las innovaciones tecnológicas más inútiles.

Lo que hemos de destacar es el intento, no los resultados. Han alcanzado una meta importante y quizás la pierdan en el camino pero el ejemplo ha transcendido la utopía. Lo han convertido en realidad a pesar del escepticismo general.

¿Este concepto de felicidad nacional podría convertirse en un instrumento de control social?

En el caso de Bután, no creo que se imponga la felicidad para manipular a la población y hacerles aceptar injusticias. Se trata de favorecer las condiciones necesarias para que cada ciudadano encuentre su propio camino de felicidad. Por lo tanto, no estamos hablando de un proceso de homogeneización (todos igual de felices) sino más bien de lo contrario, de un proceso de heterogeneidad, en donde cada cual descubra a partir de un entorno humanista y sensible, cómo y de qué manera va a alcanzar su propia actitud feliz ante la vida.

¿La búsqueda de la felicidad no debería partir de un proceso endógeno?

El gobierno de Bután no impone nada, sólo mide la felicidad. La búsqueda de la felicidad es evidentemente un proceso personal, individual e íntimo. Pero que un país sea capaz de combinar política y sensibilidad demuestra que se puede crear un entorno exógeno propicio a la felicidad.

¿Cómo conseguirlo cuando la sociedad no nos enseña a entender el sentido global de la existencia?

Con una nueva pedagogía, con un cambio en la educación tanto en las escuelas como en las familias. La educación actual no está enfocada en la individualidad, la diferencia y la autenticidad. Si definimos lo que nos gusta, nos conectamos con nosotros y somos felices. Resulta ser mucho más fácil de lo que pensamos. La felicidad, no hay que buscarla, es la consecuencia de todos estos pasos previos.

¿El secreto de la felicidad no consistiría en mantener pensamientos negativos, escépticos y críticos?

No lo creo. Para ser felices, siempre hemos de pensar de forma positiva y darle la vuelta a lo más negativo. Es un tema de actitud. Los conceptos de descontento y de negatividad deben desaparecer. No significa que hemos de dejar de ser crítico pero siempre de forma positiva.

La luz y la sombre siempre convivirán; todo depende de nuestro enfoque. Personalmente, veo la negatividad y la fealdad que me rodean pero procuro sacar lo mejor que puedo de cada situación. La base de todo es la aceptación.

Creo que la felicidad es instinto de supervivencia, de vida. Me considero como un luchador pero, al contrario de una persona negativa, defiendo la felicidad.

¿Y la libertad?

Es fundamental porque no hay felicidad sin libertad. Hay que volver a transmitir otros valores desde la familia y la escuela. Cada uno debe descubrir lo que le gusta y buscar la libertad de acción porque, a raíz de ella, conseguiremos el conocimiento de nosotros mismos que a su vez nos llevará a la felicidad.

¿Cree que los catalanes son felices?

En general, los catalanes están muy enfocados en el trabajo y en la productividad, a la “botigueta”. Están en el paradigma de la productividad. Se dejan poco tiempo para hacer lo que realmente les apetece y poca libertad para experimentar cosas nuevas. Los catalanes son muy prácticos y creo que tienen una signatura pendiente con dejarse algunos espacios libres y divagar. El catalán es muy “workalcoholic” y lleva un corsé que le oprime. La crisis nos está enseñando que debemos volver a nosotros mismos. Hasta ahora, siempre hemos querido adaptarnos a un molde estándar pero tenemos que alejarnos de ello y volver a la singularidad. A partir de allí seremos más felices e incluso más ricos. El dinero es una consecuencia de la autenticidad de tu camino.

¿Si fuera Krishnamurti, que diría a David Escamilla?

“Sigue caminando en el camino que has abierto e intenta no coger caminos más confortables que otros hayan construido. Tu camino te hará libre y te evitará miedos.” Nuestra misión es de buscar un camino propio. Antonio Machado decía: “caminante, no hay camino, se hace camino al andar”.

 Entrevista realitzada per Audrey Damas

28/11/2012|