Entrevista a Marc Marginedas, reportero de guerra

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 “Hemos de enseñar a los futuros periodistas a ser capaz de plantear preguntas que pongan en compromiso y que nos ayuden a no ser víctimas de las informaciones que los poderes públicos nos intentan vender”

Enviado especial a zonas de conflicto de El Periódico de Catalunya desde 2002, Marc Marginedas fue anteriormente corresponsal en Moscú entre 1995 y 2002 y en Argel y Rabat entre 1995 y 1998. Su libro “Periodismo en el campo de batalla” desvela las experiencias de un reportero de guerra, los motivos de su vocación y entrega total a la causa del periodismo así como las razones por las cuales está dispuesto a ir a los epicentros de los conflictos arriesgando su vida para enviar noticias. De Argelia a Siria, pasando por Chechenia, Irak, Líbano, Pakistán, Túnez o Libia, seguimos con fascinación las peregrinaciones de un hombre que ha decidido ser la voz de los conflictos, compartiendo con él sus miedos, dudas y dilemas.

¿Qué le ha incitado a plasmar sus experiencias de reportero de guerra en un libro?

Mi objetivo consistía en poder explicar todo aquello que no pude escribir en su día. Hay muchas cosas que son relevantes en lo que nos pasan a nosotros como periodistas y que nunca jamás podrían ser escritas en un diario. En un periódico, no solemos escribir en primera persona y siempre adoptamos la posición de un observador. Sin embargo, me pareció importante que el lector supiera las historias que nos acontecen, no por ego sino para dar a conocer las presiones políticas que sufrimos, tanto de gobiernos ajenos como de nuestro propio gobierno.

¿Ha sido una experiencia catártica?

Sí, catártica y dolorosa sobre todo cuando escribí los capítulos sobre Argelia. Me siguen saliendo las lágrimas cuando recuerdo las masacres que tuvieron lugar allí. Algunas escenas a las que asistí todavía me persiguen y me afectan. Pero ha sido también una experiencia liberadora al poder poner nombres y apellidos y explicar cómo funcionaban las cosas en Argelia, la manipulación en Irak o cómo el gobierno socialista prometió transparencia al llegar al poder e hizo en Afganistán exactamente lo mismo que el Partido Popular en Irak.

¿Cuándo nació su interés por el Islam?

Mi interés nació cuando tenía unos diez años. Recuerdo que cuando era pequeño y que estaba en el colegio, normalmente leía el manual de historia durante el verano, antes del inicio del curso. Me atraían muchos los capítulos vinculados con el Islam y me interesaba todo lo que atañía a la presencia de los musulmanes en España. Cuando fui por primera vez a Túnez en 1988, me fascinó pero sobre todo desde un punto de vista estético. Era un mundo tan ajeno de lo que había vivido hasta entonces. Mi fascinación siempre ha sido bastante ilógica e irracional.

Hace hincapié en sus experiencias en Argelia y nos explica que allí es cuando perdió su candidez al percatarse de lo que el régimen argelino estaba dispuesto a hacer. Quince años después, ¿por qué cree que Argelia se ha mantenido al margen de la primavera árabe?

Seguramente porque los argelinos están traumatizados. Argelia está en un momento muy diferente del resto de los países árabes; ya ha vivido su primavera política con resultados desastrosos. Los argelinos demuestran cierta apatía y falta de interés por la política porque han visto lo que era capaz de hacer su régimen para mantenerse en el poder. Hoy en día, no está de moda hablar de política en Argelia. Corrió mucha sangre, se desencadenó una espiral de venganzas y contra-venganzas y por este motivo, prefieren dejar reposar el pasado.

Define la misión de un periodista de la siguiente manera: “Informar con la mayor objetividad posible”. Sin embargo, la mera selección de una información respecto a otra ya es una señal de subjetividad. ¿No le parece esta noción difícilmente asequible?

La objetividad es imposible. Claro que cuando uno escoge una parte de la realidad, escoge la parte a la que quiere dar más realce. Evidentemente, en la guerra de Líbano e Israel en el 2006, si hubiera estado en Israel, habría visto el sufrimiento de los israelíes. El simple hecho de estar en un lado o en otro del frente hace que tomes posición y que tengas una visión truncada de la realidad. Pero, lo importante es ver los hechos tal y como son. En las guerras, todos los bandos mienten. Una vez que uno es consciente de esto, es imprescindible tomar un poco de distancia con lo que se observa porque sin ella, uno deja de ser observador y se convierte en militante.

¿Cómo consigue mantener esta distancia?

Es complicado y difícil. Yo aplico un truco: me imagino que estoy filmando una película y me lo repito constantemente. Cuando no lo he conseguido y me he involucrado como en Argelia, he sentido un malestar y algunos síntomas de estrés postraumático a la vuelta. Es fundamental recordarte a ti mismo que eso no es tu vida

Con motivo de los atentados de 2005 en Londres y de la entrevista de Beshir Ahmed, el tío del presunto terrorista, evoca la carencia de consideraciones éticas y la ausencia de empatía.

La profesión tiende cada vez más hacia un periodismo cuya esencia es la rentabilidad…

Recuerdo que este día, un fotógrafo de France-Presse tomó una foto en la cual se me veía a mí hablando de forma agresiva con este pobre hombre que tenía los ojos perdidos y rodeado de periodistas. Es cuando empecé a reflexionar sobre mi misión que sólo consistía en hurgar en el dolor.

Reconozco mi falta de empatía y de tacto al acercarme a esta persona pero creo que el hecho de competir con tabloides dificulta todavía más tu trabajo porque ellos lo distorsionan todo. Cuando algunos allegados metieron al tío del terrorista en un coche, recuerdo como un periodista de un tabloide corrió hacia la persona que le acompañaba y le dijo: “nosotros pagamos”. Sin embargo, he aprendido de esta experiencia. Ahora, cuando hablo con una víctima de un atentado, me pongo a su nivel y me adapto a sus necesidades inmediatas. Jamás le preguntaría cómo se siente.

Subraya la necesidad de replantearse algunos métodos de trabajos. ¿Qué nuevos métodos preconiza?

Me refiero principalmente a las nuevas técnicas que se están usando en los cursos de periodismo anglosajones. Han creado seminarios donde enseñan a los estudiantes cómo dirigirse a las personas que han sufrido un trauma sin acrecentar su dolor y sin dejar de hacer su trabajo. Hemos de concienciar a los estudiantes de periodismo para desarrollar esta capacidad ya desde el principio de su carrera.

¿Es ineluctable que la información se convierta en un mero bien consumible?

No necesariamente. Evidentemente ahora los medios son cada vez más digitales y son muy diferentes de un periódico. Existe una plétora de secciones más cercanas a los lectores sobre deportes, famosos, etc… Pero un periódico no tiene que vincularse sólo con el espectáculo y con lo que es más popular. Hay muchas noticias y artículos que atañen a la política nacional e internacional gracias a periodistas que siguen haciendo un buen periodismo, y eso pese a la situación económica difícil. Las nuevas tecnologías representan también una herramienta muy potente al convertirse en una caja de resonancia increíble. Si se utilizan bien, permiten la difusión de artículos de análisis y de fondo.

Evoca esta paradoja de sentirse “feliz, seguro y pletórico en una situación de extrema inseguridad”. ¿Ha encontrado el equilibrio entre asumir riesgos fuertes y conocer sus límites?

Asumir riesgos es algo que nos pone. En situación de riesgo, no estamos preocupados por nosotros sino que estamos en un estado próximo a la euforia. Pero es posible controlar sus emociones. Si eres capaz de identificar el origen del por qué y analizarlo, no cometerás locuras o imprudencias. He visto a muchos periodistas jóvenes que no sienten el peligro y eso un problema. Yo sigo sintiendo el peligro. Por ejemplo, con motivo de mi viaje a Siria, fuimos a un lugar que había sido bombardeado. El coche en el que íbamos se detuvo, apagó las luces y en este momento me di cuenta de que debíamos evitar quedarnos mucho tiempo allí. En la misma calle, había un tanque que podía disparar en cualquier momento. Lo único que veía era una calle oscura, la luz del tanque en el fondo y enseguida sentí el peligro.

Muchos periodistas padecen traumas y heridas al cubrir este tipo de conflicto. ¿Cómo consigue readaptarte a su vida barcelonesa después de cada viaje?

Cada vez me readapto mejor salvo en algunos pocos casos, que me cuestan algo más. Por ejemplo, tras mi último viaje a Siria en febrero, me resultó más difícil readaptarme y pasé desorientado algunos días. Pero lo que me cuesta más es readaptarme cuando vuelvo de Afganistán. Esa es una guerra muy diferente de la de Libia o de Irak. No sueles ver bombardeos y si estás integrado en una base militar, puedes pasar tiempo sin que ocurra nada. Pero el choque cultural es tremendo: Afganistán es el país más cercano a lo que es la Edad Media. Cuando regreso a Barcelona, me sorprendo. Y me pregunto a dónde pertenezco.

Hay imágenes que nunca se borrarán de mi memoria, como las de Argelia cuando enterraban a las víctimas y los niños no aguantaban de pie, rotos de lágrimas, o como las de un hospital en Trípoli, tras retirarse las tropas kadafistas, dejando decenas de cadáveres en avanzado estado de descomposición. Pero, consigo gestionarlas y ya no siento un fardo muy pesado.

¿Qué opina de las formación en periodismo que se imparten en Cataluña y en España?

Para mí, hay un exceso de materias que estudiar y sobra la teoría de comunicación en detrimento de una experiencia práctica. No se entrena a los estudiantes a cubrir una información sobre un atentado con actores reales. Lo que constato también es una carencia de conocimientos sólidos sobre política, historia, relaciones internacionales y economía. Hay estudiantes que han pasado por El Periódico y que flojean bastante. Sólo se puede hacer un periodismo de calidad si sabes de lo que hablas, sobre todo en el contexto de desarrollo de las nuevas tecnologías y de la cantidad de información que se recibe.

Por otra parte, existe la cuestión de los idiomas. En otros países, es improbable ver a un periodista especializado el mundo árabe que no sepa hablar el idioma. En España, los periodistas que trabajamos en el internacional hemos de mejorar este aspecto. Cuando hablas un idioma, los imputs de información que uno recibe se multiplican por diez. Por ejemplo, esto lo noté en Rusia, me sentía muy aislado y tenía una traductora que me ayudaba. A partir del momento en que aprendí ruso, pude leer la prensa y mis ideas para reportajes se multiplicaron. Es fundamental que periodista que trabaje para internacional domine el idioma del país del que informa.

Por último, hemos de enseñar a los futuros periodistas a ser capaz de plantear preguntas que pongan en compromiso y que nos ayuden a no ser víctimas de las informaciones que los poderes públicos nos intentan vender. Y sobre todo a enseñarles cómo alejarnos un poco de la actualidad y analizarla. La actualidad es tan abrumadora que a veces uno no consigue seguir un proceso político. En Túnez por ejemplo, nada pensaba que podía suceder lo que ocurrió y que fue el origen de la primavera árabe.

La escritora y ex dirigente de ERC, Pilar Rahola, describió Cataluña como “el actual epicentro del islamismo radical en Europa”. ¿Qué piensa de esta declaración?

Cuando he hablado con ella, me ha parecido ser una persona que desconoce el Islam, que se mueve en un mundo de estereotipos y que no consigue entender los cambios. El Islam va mucho más allá del problema de las mujeres. No se reprime a las mujeres en todos los países islámicos y el burka es en muchos casos un elemento de protección. En los países islámicos de África, por ejemplo, el peso de la sociedad tribal reposa en las mujeres.

Por otra parte, no se puede negar que existe un islamismo radical en Barcelona como los hay en otras partes del mundo. Tampoco podemos negar que, respecto a la célula que fue detenida hace 4 años en el Raval, todos los indicios apuntaban a su culpabilidad. Aún así, y después de haber viajado por el mundo islámico durante 15 años, observo que la inmensa mayoría de los musulmanes no apoyan la violencia y representan una versión moderada y no rigorista del Islam.

¿Cómo se percibe el Islam en Cataluña?

Comparado con países que tienen una inmigración musulmana, el fenómeno es bastante reciente. Es cierto que hay actos de racismo. Sin embargo, existe una diferencia muy marcada en la actitud de los españoles hacia los musulmanes desde el 11M comparado con los británicos después de los atentados de 2005. Allí, enseguida hubo episodios de venganza, ataques contra mezquitas y esto no se produjo en España. No obstante, no significa que estemos inmunizados contra ello aquí. Cuando un catalán ve a una mujer velada, se pone a la defensiva y lo rechaza; lo que predomina es una falta de mundología.

¿Si fuera Samuel Huntington (1), qué tendría ganas de decir a Marc Marginedas?

Seguramente: “No tienes ni idea de lo que escribes, te dejas cegar por tu pacifismo”.

Samuel Huntington me parece una persona con posiciones muy conservadoras y que no estaría por nada de acuerdo con lo que he escrito. No comparto su visión reductora sobre la existencia de varias civilizaciones, cuyos fundamentos reposan esencialmente sobre las religiones. No creo que se trate sólo de la oposición de dos valores modales contrapuestos. Hemos de velar por la tolerancia.

(1) Samuel Huntington fue un politólogo, profesor de Ciencias Políticas y el autor del libro “El choque de las civilizaciones” que suscitó muchas polémicas.

Entrevista realitzada per Audrey Damas

 

28/11/2012|