Entrevista a Joan Melé, Sub-Director de Triodos Bank

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“La salida es una vuelta a la espiritualidad en general”

Ante la gran desconfianza en el sistema bancario, me parece imprescindible hacer hincapié en la personalidad de Joan Melé y en su labor de extender el concepto de banca ética. Nacido en 1951, Joan trabajó durante treinta años en el sector de la banca “tradicional” antes de cambiar a Triodos Bank, donde ocupa actualmente el puesto de Sub-Director en España. Entre todas las iniciativas que desarrolla, cabe destacar su intensa actividad como conferenciante en foros y charlas sobre temas de economía social, finanzas éticas y humanidades. Es el autor del libro “Dinero y consciencia. ¿A quién sirve mi dinero?”, donde hace la apología del cambio a todos niveles, preconizando el cambio individual como punto de partida para mejorar el mundo. ¿Por qué tiene la convicción de que las mutaciones fundamentales de la sociedad no pueden realizarse sin la transformación de la consciencia individual ni una comprensión de los condicionamientos religiosos y nacionalistas?

¿En qué se diferencia el Banco Triodos de las demás entidades bancarias?

Existen varias diferencias entre Triodos Bank y otras entidades en la medida en que nuestro banco nunca ha nacido con la misión de hacer negocios. Para nosotros, el dinero es un resultado, no el objetivo primero. En Triodos Bank, aspiramos a mejorar el mundo desde el sistema financiero favoreciendo una transparencia radical. Además, no damos bonus ni incentivos económicos a nuestros directivos; lo cual permite atraer a personas que tienen una verdadera vocación.

Qué tipo de iniciativas emprendedoras apoya su banco?

El nombre Triodos, derivado de la expresión griega “tri hodos” y cuya significación es “tripe vía”, refleja nuestra voluntad de involucrarnos en las tres áreas que necesitan más ayuda: la cultura (educación, investigación científica, arte, teatro, música); el medioambiente (energías renovables, agricultura ecológica, turismo sostenible); el sector social (centros especiales de empleo, empresas de inserción, atención a la tercera edad, a la infancia, cooperación al desarrollo).

¿Qué lugar debe ocupar el valor del dinero en relación a otros valores?

El dinero siempre ha sido una relación entre los seres humanos. El problema reside en la pérdida de la noción de dinero. Lo hemos reducido a la noción de precio. Antonio Machado decía: “es de necios confundir valor y precio”. Recuperar el sentido del valor es una tarea que nos incumbe a todos. La economía es creación de valor, no de precios.

Ante el predominio de una obsesión desmesurada por el dinero, ¿cómo minimizar esta alienación?

Otro tema es el de la codicia: nos hemos obsesionado por el dinero y resulta que cuanto más tenemos, más queremos. Lo he vivido en mi experiencia bancaria con las personas que tenían una herencia o ganaban la lotería; su principal obsesión era cómo poder invertir para ganar más, haciendo abstracción de lo esencial: su felicidad. Para luchar contra ello, hemos de hacer un trabajo interior. El vacío espiritual permite que esto suceda. Debemos buscar sentido en nuestras vidas; en caso contrario, no haremos más que fomentar la codicia, el miedo.

Entre el modelo americano que preconiza la filantropía privada y el modelo europeo que promueve más bien la redistribución de las riquezas por el Estado, ¿dónde se posiciona el Banco Triodos?

El banco tendrá sus posiciones pero, personalmente, si yo fuera joven ahora, me iría a vivir a Estados-Unidos porque, allí, se favorece no sólo la filantropía sino también la iniciativa privada. Europa, en este sentido, está envejecida. Aquí, se cree que el dinero debe crecer y multiplicarse y se trata justamente de lo contrario: el dinero tiene que morir. En efecto, una parte del dinero que ganamos la consumimos, otra parte la ahorramos para nuestras necesidades pero hay una tercera parte (en función de lo que cada uno gane evidentemente) que deberíamos ser capaces de dar, al haber muerto para nosotros. Pero no sólo dar a la gente que padece hambre, – esto ya no debería pasar-, sino a las personas que lo necesiten para concretar sus sueños e iniciativas, a los jóvenes para que puedan crear empresas. El dinero de donación es dinero de amor, de creatividad y genera unas fuerzas invisibles que transforman el mundo. Este dinero ayudaría a renovar esta sociedad y, sobre todo, a curarla porque lo que estamos viviendo no es más que una enfermedad. El problema no es que falte dinero sino que sobre. Querer acumularlo crea una enfermedad terrible.

El economista Adam Smith dijo que “al perseguir su propio interés frecuentemente fomentará el de la sociedad mucho más eficazmente que si de hecho intentase fomentarlo.” ¿Cree usted que el egoísmo puede ser, paradójicamente, una forma de altruismo?

Aunque sea por egoísmo, cuanto más se fomente la emprendeduría, mejor está un país. Por ejemplo, respecto al tema de las responsabilidades sociales y corporativas, ciertas empresas han iniciado un cambio y empiezan a tomar medidas de responsabilidad. No cabe duda de que es por un tema de imagen, por egoísmo pero lo que están llevando a cabo es positivo. Sin embargo, no tendríamos que ir por allí sino actuar por consciencia global. Hay personas que tienes millones, no saben qué hacer con este dinero y su única preocupación es conservarlo. Si fueran capaces de dar, mejorarían su entorno e indirectamente se sentirían mejor. De nuevo aquí, reitero la necesidad de emprender un proceso de búsqueda interior y de auto-conocimiento.

El modo de pensamiento católico siempre ha incentivado menos el crecimiento económico que el pensamiento protestante y por este motivo los países católicos se ven más afectados por la crisis…

El contraste es flagrante. En los países protestantes, la relación con el dinero es mejor: se incentiva la emprendeduría que, a su vez, genera riqueza. El tipo de visión católica ha llevado a un concepto de miseria de progreso. Y no es más generoso, al contrario. El catolicismo está caracterizado por una mala relación con el dinero: el punto de partida se resume a la tragedia, la privación y cierto ascetismo vinculado al sufrimiento y al remordimiento. Debemos superar esta dificultad de compaginar el crecimiento económico y la religiosidad. Si consigues ganar dinero, no es negativo; demuestra que eres capaz de ser creativo y mereces felicitaciones.

¿Qué proceso puede favorecer un cambio de valores en una sociedad caracterizada cada vez más por reivindicaciones identitarias, sobre todo desde el inicio de la globalización?

En los años 80, existían dos bloques pero el modelo ya era caduco. Lo que tenía que ocurrir pasó pero todo se estropeó. Para mí, hay un retroceso, una vuelta a los nacionalismos y me parece absurdo en esta época identificar a una persona con su sexo, raza, religión, país. Evidentemente, si que existe algo con lo que te puedes identificar: soy hombre, soy mujer, soy budista, soy musulmán, soy español, soy catalán pero, ante todo, soy un ser humano. Yo he nacido en Cataluña y me encanta pero no quiero enclaustrarme en provincialismos arcaicos.

La salida es una vuelta a la espiritualidad en general, a una búsqueda interior, a una búsqueda de sentido para no exponerte al peligro de identificarte con algo parcial y alejarte de la universalidad. Nuestra misión consiste en unificar. Estoy en contra de todos los nacionalismos; ha llegado la época de lo humano universal, de la unificación incluso de la de la economía a nivel mundial.

El problema cuando cayeron los bloques es que se ha intensificado el capitalismo salvaje. Además se llama liberal y nunca ha sido libre. Bajo la “Revolución Reagan”, el gobierno Thatcher e incluso el de Clinton, se ha erradicado todo tipo de regulación y esto es intolerable. No puede haber libertad total en la economía porque esto afecta a los demás. Puede haber libertad total en la cultura pero en la economía, no puedes hacer lo que te dé la gana. El papel de la política debería ser el de poner límites cuando no se respetan los derechos humanos. Pero, para mí, todo aquello no tiene una solución política o económica. No se puede combatir; lo único es que el ser humano cambie. Estamos en una época de combate espiritual, interno, del ser humano consigo mismo. Allí está el combate y no fuera con los políticos, banqueros. Cualquier persona más corrupta puede hacer un cambio en un momento determinado.

¿Cómo resolver la dicotomía entre lo individual y lo colectivo?

Precisamente, la economía te da el ámbito, la posibilidad de resolver esta dicotomía. Cada vez que actúas con el dinero, estás afectando a los demás. Las tomas de decisiones han de ser conscientes. ¿Cómo tomo una decisión que me beneficie pero sin perjudicar a los demás? Por ejemplo, ¿qué criterios tenemos a la hora de comprar? Si pensamos en el mundo, allí estamos compaginando lo individual con lo colectivo. Lo mismo ocurre cuando ponemos consciencia en el uso del dinero.

Si fuera Henry Paulson(1), que tendría ganas de decir a Joan Melé?

Pues, no sé… quizás: “apórtanos algunas de estas ideas de las que estás hablando que las vamos a incorporar”. Pero lo que sí diría a los grupos de poder que han establecido una manipulación mundial por encima de los políticos y de los propios empresarios es: “ten coraje, sé libre, no tengas miedo, actúa por consciencia”.

(1) Henry Paulson fue Secretario del Tesoro de Estados Unidos bajo el gobierno de George W. Bush y permitió el rescate de Goldman Sachs (del que era el exdirector) y declaró en bancarrota a Lehmans Brothers , su principal competidor.

 

Entrevista realitzada per Audrey Damas

28/11/2012|